Tras varios días de tensión dentro de Unidos, el ministro de Obras Públicas, Lisandro Enrico, formalizó su renuncia a la banca de senador por el departamento General López. La Cámara alta aprobó la dimisión este jueves, cerrando un capítulo que había abierto grietas en la coalición gobernante.
Enrico había pedido licencia en diciembre de 2023 para asumir en el gabinete de Maximiliano Pullaro, pero su permanencia formal en el Senado se convirtió en motivo de disputa con el presidente del cuerpo, Felipe Michlig, también radical. La renuncia fue presentada por su reemplazante, Leticia Di Gregorio, quien defendió al ministro con énfasis: “No hubo especulación, fue una decisión difícil. Hoy vemos que está a la altura del cargo”.
El bloque peronista, sorprendido por el tratamiento del tema, pidió un cuarto intermedio y finalmente se abstuvo. “Esta renuncia llega tarde, no subsana nada”, sostuvo Rubén Pirola, jefe del PJ en la Cámara, quien ratificó su respaldo a Michlig como “garantía de diálogo”.
La dimisión de Enrico llega en medio del primer choque público dentro del radicalismo gobernante. Michlig había cuestionado al ministro por supuesta discrecionalidad en el reparto de viviendas, acusándolo de favorecer su departamento en detrimento de San Cristóbal. El pedido de informes, acompañado por otros senadores de Unidos, encendió la interna.
Enrico respondió con firmeza: “San Cristóbal es uno de los departamentos más beneficiados con obras”. Di Gregorio, por su parte, interpretó el reclamo como un gesto de animosidad política: “Me pareció raro que se pida información a un ministro del mismo gobierno”.
El episodio expuso las tensiones dentro del oficialismo y dejó una postal clara: Unidos atraviesa su primera tormenta interna desde que llegó al poder. Enrico, Michlig y el fuego amigo protagonizan una pulseada que revela que, más allá de las obras, la construcción política también necesita mantenimiento.








